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jueves, 17 de agosto de 2017

Venus de Lespugue

La Venus de Lespugue fue hallada en el año 1922. Se ha podido calcular que esta Venus tiene una antigüedad de aproximadamente 20.000 años. Por lo tanto, a tenor de esta datación, esta importante obra pertenece al final del período denominado auriñaciense-perigordiense y en ella ya se puede apreciar la evolución a la que se vio sometida este tipo de producción escultórica. La escultura está tallada en marfil de mamut y tiene 14.7 cm de altura. Fue hallada en 1922 por R. de Saint-Périer en el interior de la cueva de Rideaux, cerca de Lespugue -Alto Garona-, en Francia.

        Cabe destacar el hecho de que de las dos tipologías de Venus que se conviene en diferenciar, la de Lespugue pertenece a aquellas que se representan de frente en contraposición a las que aparecen de perfil. Asimismo, dentro de las figuras prehistóricas denominadas "venus", es la más joven de las que, hasta el momento, han podido hallarse.

        En ella se evidencia una evolución en la técnica escultórica. En este sentido, sobre todo se puede apreciar un notable cambio con respecto a Venus anteriores en cuanto a la calidad de pulido. Es evidente que quien realizara esta venus lo hizo de una forma algo más delicada, por lo cual se puede inferir también una evolución en las herramientas utilizadas para la elaboración de la pieza. Se cree que este tipo de imágenes femeninas representan la concepción de la Gran Diosa Madre, donadora de la vida, protectora y símbolo de fecundidad, de manera que no son representaciones de un modelo o canon de belleza.

        El creador de la Venus de Lespugue ha resaltado las dimensiones del vientre, el sexo y los senos, haciendo alusión, quizás, a un significado maternal; y ha descuidado las extremidades de una forma que llama la atención. Y es que este aspecto no deja de ser sorprendente teniendo en cuenta el especial detalle y cuidado que se ha puesto en la representación de las citadas partes del cuerpo. De este modo, la Venus tiene apenas sugeridos los brazos y también es notable la desproporción en el volumen de las piernas. El cuerpo está tratado de manera sencilla, mientras que las pantorrillas y los antebrazos son delgados y carentes de fuerza, en contraposición con lo voluminoso del resto del cuerpo. Por tanto, las partes del cuerpo que no tienen relación directa con la fecundidad no han sido tomadas en cuenta; no tenían, para el autor, la misma importancia que el simbolismo maternal de otras partes del cuerpo. Este hecho no es en absoluto infrecuente en las Venus que se han encontrado de ese período. Asimismo, la cabeza es ovoide y no presenta definición en los rasgos faciales. Esta deformación expresiva hacia remarcar, aún más si cabe, los senos rellenos, el vientre y la pelvis abultados, y las caderas prominentes, elementos en los que residían los secretos de la fertilidad. Por su tamaño, se puede suponer que haya sido concebida como amuleto transportable.

        Es importante señalar que la gran mayoría de imágenes humanas hasta 5000 a.C. representan figuras femeninas. Puede apreciarse actualmente esta pieza en el Musée de I'Homme de París.

Fuente: Texto extraído de Historia del Arte. Editorial Salvat
La Venus de Laussel


Entre todo el conjunto de descubrimientos de yacimientos prehistóricos que se han conseguido realizar hasta la fecha, puede parecer complicado, incluso temerario, señalar un hallazgo que suponga toda una iluminación para comprender mejor el arte de aquellos tiempos tan lejanos.

        La Venus de Laussel resulta ser una de las obras esenciales para conocer el arte de las sociedades prehistóricas, una obra que sí supone un auténtico hito para los investigadores. Se descubrió en el 1911 en el departamento francés de la Dardoña, por el equipo del Dr. Lalanne. Actualmente, forma parte de la colección del Museo de Saint Germain-en-Laye, al oeste de París. La Venus de Laussel, esculpida en relieve sobre la roca caliza en época solutrense, mide unos 46 cm de altura, dimensiones mayores que las presentes en las Venus de bulto redondo. La figura femenina se halla plasmada desde una perspectiva frontal, desnuda, y sostiene un cuerno de bisonte con su mano derecha. Como es habitual en las representaciones de este tipo, la cabeza aparece tan sólo esbozada, mirando al cuerno, mientras el resto del cuerpo presenta una exageración respecto a sus caracteres genéricos.

        Se piensa que esta escultura presentaba pigmentos rojizos en el momento de su ejecución. Fue tallada en un bloque de piedra, probablemente el elemento central de un santuario que se cree relacionado con los ritos de fecundidad.
Fuente: Texto extraído de Historia del Arte. Editorial Salvat


Las diosas primitivas

Desde finales del pleistoceno y sobre todo a principios del Neolítico, empiezan a proliferar las esculturas femeninas de pequeño formato, que hoy en día se conocen bajo la denominación de Venus. Se las encuentra esparcidas por una amplia zona geográfica, pues están presentes desde el Midi francés hasta Siberia.

Manos humanas en rojo y negro, en la cueva de Gargas (Altos Pirineos,Francia). Más de doscientas impresiones de manos se han encontrado en esta cueva. Muchas veces han quedado impresas al apoyar simplemente la mano manchada, otras rodeándola con pintura; ésta última era la opción pictórica más común y su sentido puede ser místico, de invocación. El color y las formas conseguidas daban una gran fuerza al conjunto.

Mano en la cueva del Castillo (Puente Viesgo, Cantabria). En todo el arte paleolítico existen solamente cuatro cuevas que presentan amplios conjuntos de manos como protagonistas, siendo una de las más representativas la del Castillo, con una cincuentena de ejemplos. Seguramente, la plasmación de la mano respondería a un cierto significado religioso asociado a la protección. Se relacionan con ideomorfas y animales, sirviendo como antesala a los "santuarios de animales". Lo único que se conoce con seguridad es que la mano izquierda tiene un mayor número de representaciones que la derecha y que el tamaño de ellas se asociaría al de la mano femenina o de niño. En algunas ocasiones se puede apreciar la falta de las falanges de los dedos, como si se tratara de mutilaciones, quizá rituales.

        Se trata, generalmente, de esculturas de bulto redondo (exentas, no como parte fija de un conjunto), aunque a veces se las ha encontrado aplicadas en relieve sobre superficies rocosas. Las Venus de bulto redondo forman parte de lo que se denomina "Arte mobiliar", o "Arte mueble", ya que se trata de piezas de dimensiones reducidas y se pueden transportar con facilidad. Éstas, habitualmente, miden entre los 3 y los 22 centímetros, y estaban concebidas para caber en la palma de una mano; por lo que se cree tienen su origen en colgantes o amuletos que aquellos antepasados más remotos llevaban para protegerse, o bien como parte de sus rituales cotidianos.

        Las Venus prehistóricas son especialmente características debido a las proporciones con que se las representa. Por lo general, sus atributos sexuales están muy enfatizados, con senos, vientre, nalgas y caderas abultados sobremanera. Por otra parte, a medida que fueron evolucionando, las Venus se vieron sometidas a un proceso de esquematización, cosa que actuaba en detrimento de los otros rasgos del cuerpo, en especial el rostro, que con frecuencia aparece tan sólo esbozado, o simplemente no existe.

En la cueva del Castillo (Puente Viesgo, Cantabria), se hallaron numerosos ideomorfos de color ocre rojizo, de unos 30 a 60 cm de longitud, seguramente de la misma época que las manos pintadas o posteriores a ellas. Algunos de ellos están realizados a base de trazos paralelos en forma de escalera (los más primitivos), de parrilla, en aspa, zigzag, rombos, a modo de chozas ("tectiformes") o a base de puntos. No se conoce exactamente su significado, aunque se apunta la posibilidad de que los cuadrangulares sean de esencia femenina y los de las filas de puntos, sus complementarios masculinos. Son más abundantes en las cuevas de la región cantábrica que en la zona del Levante español.
         Las Venus son objetos conectados con el estilo de vida y las creencias de las comunidades humanas prehistóricas. En este contexto, la fertilidad era un elemento fundamental, ya que su función era la de ser madres, y perpetuar la vida en un mundo lleno de hostilidades para el hombre.

        La representación de los órganos reproductivos de la mujer fue una constante en el mundo antiguo, desde la época del hombre de Neandertal. La vulva es, sin lugar a dudas, el símbolo más utilizado, a diferencia del falo masculino, que aparece plasmado en contadas ocasiones. La vulva sería, así pues, una plasmación física de la necesidad de perpetuación de la especie humana. Generalmente, ésta no aparece sola, sino representada junto a otros símbolos relacionados con la abundancia, como figurillas zoomorfas, muestras del deseo de sus creadores de obtener más ejemplares del animal esculpido.

Pintura rupestre de la cueva de la Pasiega (Puente Viesgo, Cantabria). En esta cueva, descubierta en 1911 por Obermaier y Wemert, se encuentran numerosas figuras. Contiene un gran número de animales pintados y signos al final de un largo pasillo, siendo el color ocre y la línea ancha las características que predominan en la composición. Ciervos, caballos, bisontes, caprinos y bóvidos son los animales que se repiten con más frecuencia.
         Durante el período magdaleniense, se empiezan a destacar las zonas púbicas de las Venus, mediante una incisión triangular. Esta manera de poner de relieve los genitales femeninos durará hasta la aparición de las primeras manifestaciones artísticas griegas, influyendo en su génesis y posterior desarrollo. A medida que la ejecución de las Venus fue evolucionando, perdiendo su inicial tendencia por el naturalismo, la plasmación de la vulva también varió, volviéndose cada vez más esquemática.

Pintura rupestre de la cueva de las Chimeneas (Puente Viesgo, Cantabria). La cueva, descubierta en 1953, tiene este nombre porque se llegó a ella bajando a través de unos pozos naturales, que desde la bóveda alta conducen a la entrada. Las pinturas son naturalistas y aunque esquemáticas y sencillas, son muy expresivas. Pueden distinguirse tres zonas: la última de ellas, la tercera, contiene un panel con ciervos en pintura negra.

Venus localizada en Dolni (Moravia). Figura
femenina esculpida en colmillo de mamut,
de unos ocho centímetros de altura,
hiperestilizada, que procede de un matadero
de mamuts en Dolni. En esta región se
han encontrado otras figuras femeninas,
objetos conectados con el estilo de vida y
la creencia prehistórica, donde la fertilidad
y la función de madre de la mujer era
un elemento fundamental.

        Otro de los símbolos relacionados con el culto a la fertilidad son los senos femeninos. Aunque en contadas ocasiones se encuentran de forma exenta, por lo general nunca se hallan desvinculados del resto del cuerpo humano. Resultan atípicas las representaciones de mujeres con más de dos mamas, peculiaridad que se da también en elementos pertenecientes a otras culturas y épocas.

        Las Venus, aún sin ser esculturas de bulto redondo y estar ideadas para poder ser manipuladas y observadas desde varios puntos de vista, presentan dos tipologías diferentes. Por un lado, las hay frontales, cuyos rasgos sexuales están acentuados para ser contemplados por su parte anterior. En este caso, se enfatizarían principalmente las caderas. Un ejemplo paradigmático de esta tipología es la Venus de Lespugue.

        Por otro lado, estarían las Venus de perfil, cuyos atributos se destacarían al ser vistas de lado. Éste es el caso de la Venus de Savignano, que junto con la Venus de Willendorf y la de Lausel son las más famosas de todas las representaciones de divinidades primitivas relacionadas con el culto a la fertilidad.

        La Venus de Savignano, por su parte, es la mayor de las Venus halladas hasta el presente. Mide unos 22 centímetros y fue hallada en 1925 por un obrero de la construcción en Savignano sul Punaro, en las cercanías de la ciudad italiana de Módena. Esta pieza, realizada con piedra serpentina verdosa, ha llegado hasta la actualidad en buen estado de conservación. Aunque no se encontró acompañada de otros materiales que facilitaran su datación, se cree que es del período auriñaco-perigordiense, y que fue realizada alrededor del 25000 a.C. Su cabeza y sus piernas, meramente esbozadas, presentan forma triangular. Esta disposición concentra toda la fuerza de la composición en pechos, vientre y nalgas, si bien las caderas no están ensanchadas, muy probablemente debido a la forma de la piedra sobre la cual se esculpió.

        La Venus de Willendorf fue descubierta en 1908, por el arqueólogo Josef Szombathy, cerca de la localidad austríaca de la que la Venus tomó su nombre. Pertenece al auriñaciense tardío, por lo que se podría fechar en torno al 22000 a. C. Esta pieza, que mide unos 11 centímetros, fue realizada con un tipo de piedra no presente en las inmediaciones de Willendorf, por lo que se cree que, o bien se importó el material, o bien fue hecha en otra región y posteriormente llevada a la zona.

Venus de Kostienki (Museo del Ermitage, San Petersburgo).
Descubierta en 1908 por el profesor Szobarhy, está datada
en 23000 a.C. De diez centímetros de altura, constituye una
de las figuras femeninas más famosa de la Prehistoria. De
aspecto naturalista y representando a una mujer obesa, está
esculpida en piedra caliza eólica. Sus senos, sus caderas y su
vientre, en relación con sus brazos, son exagerados, formándose
una figura redonda y pequeña, maciza. 
        De proporciones gruesas, esta Venus posee un plasticismo notable, y una particular exuberancia, relacionada con los ritos de fertilidad con los cuales estaba relacionada.

        Las Venus podían presentar policromía. Recientes estudios creen que estos pigmentos, por lo general rojizos, añadían una función al simbolismo inherente a las Venus. El rojo estaba vinculado con la existencia de los hombres y los animales, pudiendo aludir también a la menstruación.

        Estas esculturas femeninas han sido relacionadas con el culto a las divinidades naturales, anteriores a la aparición de las religiones organizadas. Las Venus podrían, entonces, ser consideradas como el origen de las representaciones de la Madre Tierra.



La Venus de Mentan (Museo de Saint-Germainen-Laye,
Francia), es una estatuilla femenina producto de una
artesanía doméstica, especialmente ligada al hogar, que
había de dejar paso con el tiempo a los numerosos
fetiches. Si el arte animalístico, dependiendo del
poderoso mundo de la caza, es un arte de escuelas y
de estilos, estas estatuillas tienen el sabor ingenuo de
una industria casera. Seguramente por ello es tan
grande su popularidad.
       La Venus recibieron su nombre en una época en que se las consideraba meramente esculturas eróticas, figuras triviales radicadas en el entorno de la sexualidad humana. Sin embargo, pronto se abandonó esta idea, a favor de una interpretación más abierta de su significado. Las Venus pertenecían a un universo en el que eran veneradas por lo que ellas simbolizaban: la fuerza de la naturaleza y el poder de la fertilidad

Fuente: Texto extraído de Historia del Arte. Editorial Savat


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