Punto al Arte

Los inicios de la historia de Java


Pewara del templo de Prambanan, Java. El conjunto arquitectónico está compuesto por más de 250 templos individuales de diversos tamaños, repartidos alrededor de los dedicados a Shiva, Vishnu y Brahma. 

La historia conocida de la isla de Java prácticamente arranca en el siglo VII, en el que están datados algunos monasterios budistas que muestran claras influencias, como ya hemos señalado, del arte del sur de la India. De épocas anteriores se han encontrado restos de homínidos pero no vestigios culturales que permitan seguir la evolución de los pobladores de la isla hasta la construcción de los primeros monasterios budistas.


De este modo, es posible afirmar que por lo menos a partir de los siglos VII y VIII se produce una progresiva hinduización de la isla, como queda reflejado en la hermosa leyenda de Aji Saka y en la aparición de una arquitectura budista. En la época de la construcción de los primeros monasterios, el poder de la isla estaba repartido entre diversos príncipes locales, gobernantes absolutos de los territorios que dominaban, que financiaban sus mínimos estados y sus cortes -denominadas kraton- mediante un rígido sistema de impuestos que cargaban sobre los campesinos, quienes constituían el estamento más importante de la población.

No sería hasta mediados del siglo VIII cuando se consigue centralizar el poder en manos de un único gobernante, el primero de los cuales será el rey Sanjaya, aunque enseguida las sucesivas cortes javanesas quedarían subyugadas a la autoridad de las dinastías budistas. Ya en el siglo XI, y quizá a raíz de un saqueo por parte los pobladores de la isla de Sumatra, el descontrol y el caos se adueñaron de Java hasta que a mediados del mismo siglo, una de los personajes más importantes de la historia javanesa, Airlanga, consiguió reunificar la isla y formar un estado.


Fuente: Historia del Arte. Editorial Salvat.

Museo Nacional de la India

Dirección:
Janpath, s/n (esquina de Janpath con Maulana Azad).
11 0-011 Nueva Delhi (India).
Tel: (+91) 0113 018415
http://www.nationalmuseumindia.gov.in/

Cabeza de Buda.
El Museo Nacional de la India (National Museum of India) es el principal del país. Su origen cabe buscarlo en una exposición de arte hindú que tuvo lugar en la Burlington House de Londres en 1947-1948. En ella se exhibieron obras procedentes de diversos museos indios y fue propulsada por la Real Academia de Londres, en cooperación con los gobiernos de la India y del Reino Unido. Debido al éxito en Inglaterra, se decidió que esa exposición también debería hacerse en la India. Tuvo lugar en 1949 en los despachos del Rashtrapi Bhawan y la afluencia de público desbordó las expectativas de los organizadores. Así pues, se vio viable la creación de un Museo Nacional de la India.

El 15 de agosto de 1949 fue inaugurado por el gobernador de la India. Sin embargo, aun no se había construido un emplazamiento definitivo, con lo cual, dicho espacio continuaba siendo la exposición traída de Londres. La primera piedra del edificio definitivo fue colocada en 1955 por el primer ministro Nehru. Mientras se construía se fueron adquiriendo piezas, ya fuera mediante compra o mediante donaciones. Finalmente, se inauguró en diciembre de 1960. 

Financiado y dirigido por el Ministerio de Cultura del gobierno indio, el espacio contiene multitud de piezas tanto de origen indio como extranjero y muestra más de cinco mil años de historia hindú. Se divide en tres plantas en las que hay salas de exposiciones junto con otras dependencias como la biblioteca, el auditorio y el Instituto del Museo Nacional. El museo exhibe básicamente arte del subcontinente indio, pero también muestra piezas de arte precolombino y occidental. Entre las colecciones más destacadas cabe señalar la de la civilización Harappa, del 111 milenio a.C., que exhibe unos 3.800 objetos consistentes en terracotas, joyas, vajillas, etc. 

También es recomendable visitar la sección de arte budista en la cual se muestran 84 reliquias de Buda, de los siglos V-IV a.C., en piedra, bronce, terracota y estuco. Interesantes son también las muestras de miniatura hindú. Se muestran 352 pinturas de todos los estilos, que puede fecharse entre el 1 000 y el 1900. Cabe destacar asimismo la sala dedicada a los manuscritos, en la que se muestran 1.500 de estas piezas, y abarcan desde el siglo VIl. 

Varias salas están dedicadas a las artes decorativas. Realizados en materiales exquisitos como bronce, jade y marfil, se exhiben 232 objetos de los dos últimos siglos. Apéndice a estas salas, se encuentra la de joyería, que muestra 202 obras ordenadas cronológicamente desde el 3000 a. C. hasta la actualidad. A lo largo de todo el museo se exhiben esculturas en bronce y piedra que van desde el siglo 111 a.C. hasta el XIX, y representan las principales escuelas y regiones del arte indio. El espacio acoge también varias colecciones de arte textil, numismática, madera tallada, instrumentos musicales, armas, así como una interesante sala de antropología y otra de arte tántrico.


Fuente: Historia del Arte. Editorial Salvat. 

Arte de la India medieval

Se puede considerar que la historia de la India tomó una nueva dirección después del fallecimiento del emperador Harsa de Kanauj, en 647; este monarca había realizado una labor muy importante y, entre otras cosas, había conseguido reconstruir casi enteramente el Imperio de los Gupta y también asegurar la supervivencia de las fórmulas que estos últimos habían creado o desarrollado en el campo de las artes plásticas, así como en las demás actividades artísticas, literarias, filosóficas y científicas. Cuando Harsa desapareció, la India volvió a caer en la fragmentación política que ha solido ser normal en el transcurso de su larga historia y que se prolongó desde entonces hasta que, en los siglos XVI y XVII, los emperadores mongoles impusieron su ley en la mayor parte de la península india.

Dios Shiva. Representación 

del dios en estilo Chola tar-
dío, siglos XII y XIII. 
Ello tuvo por consecuencia favorecer la eclosión de estilos diversos gracias a la prosperidad de los diferentes y numerosos reinos que, en el transcurso de los siglos, se formaron, gozaron de autonomía política, conocieron brillantes períodos y apogeos, y fueron así focos de arte señalados.

⇨ Lakanaha (Museo Rietberg, Zurich). Estela en basalto negro que reproduce una forma de Bodhisattva y Avalokitesvara. Procede de Bihar y se remonta al siglo IX. 




Sin embargo, durante unos dos siglos (de 650 a 850 aproximadamente), los datos estéticos procedentes del estilo Gupta propiamente dicho continuaron siendo explotados, sobre todo en el norte de la India, y es probable que no fueran ajenos al desarrollo de ciertos estilos meridionales, demostrando que la permanencia es una de las leyes fundamentales de la civilización india: las mutaciones, en efecto, se han producido en ella con gran lentitud, y más bien por acumulación de algunos elementos seleccionados que por impulsos creadores o revolucionarios.

No obstante, es en el transcurso del siglo IX cuando el arte de la India puede empezar a considerarse como “medieval”, es decir, situado, cronológicamente hablando, entre los períodos Gupta (que se puede calificar de “clásico”) y el mongol, durante el cual el Islam y los europeos intervinieron en la historia india, causando trastornos más espectaculares que profundos.

Este período de unos seis siglos al que se hace referencia fue, por lo menos en el campo del arte religioso, uno de los más fascinantes de la historia de la India. No sólo porque se revelaron en él numerosos artistas (anónimos en su mayoría), sino en especial porque, a base de un número relativamente reducido de elementos arquitectónicos, de motivos decorativos y de fórmulas iconográficas, se realizaron gran número de nuevas creaciones -siempre para mayor gloria de la India-, produciendo conjuntos arquitectónicos de capital importancia.

Por otro lado, cabe señalar que se produjo cierto sincronismo, como también había sucedido en el pasado, pero este sincronismo se dio más en los principios que en las formas. Asimismo, se puede decir que en los siglos IX y X ya se había consumado la escisión entre los estilos septentrionales y meridionales.


Fuente: Historia del Arte. Editorial Salvat.

El arte Pala


Mientras el sur de la India veía desarrollarse los imperios rivales de los Pallava -que levantaron en el siglo VII el notable conjunto de Mahabalipuram-, de los Cola y de los Pandya, el norte se agrupó en parte bajo la dirección de la dinastía de los Pala (hacia 765 o 770-1086) y luego bajo la dinastía de los Sena (hacia 1150-1199). Este vasto reino comprendía las regiones de Magadha, Audh, Doab, Bengala, Bihar, Orissa y Assam.

De la época de los Pala y de los Sena es necesario recordar la abundante producción de esculturas; quedan, en efecto, relativamente pocos vestigios arquitectónicos, los cuales tuvieron que sufrir a comienzos del siglo XIII las destrucciones masivas ocasionadas en todas estas regiones por la invasión musulmana. A esta misma invasión devastadora se debe atribuir el aniquilamiento de la célebre como consecuencia hundir definitivamente al budismo y detener la producción artística búdica.


Nalanda, en el estado de Bihar. En este lugar se encontraba una de las más célebres universidades de la antigua India. Aunque está deshabitada sigue siendo un punto de referencia importante de la historia india y de la tradición del budismo. Vista de las excavaciones arqueológicas con la gran stupa al fondo. 

Así las cosas, desde la segunda mitad del siglo VII hasta el final del XII prevaleció el estilo Pala-Sena, heredero de los estilos Gupta y pos-Gupta (siglos IV-VIII), cuya supervivencia y transmisión aseguró, no sólo en la propia India, sino también en ultramar, a los países de los Mares del Sur.

Sin embargo, del gran período Gupta y pos-Gupta, que había creado un admirable repertorio estético y narrativo (por ejemplo en Sarnath, Mathura y Ajanta), el arte Pala se dedicó a perpetuar sólo su aspecto iconográfico y conformista en lo que tenía de más rígido; el arte Pala está representado en primer lugar por imágenes de culto, en bronce o piedra, y excepcionalmente por bajos relieves circunscritos en paneles; las muy escasas pinturas, ilustraciones de manuscritos, que han llegado hasta hoy se sitúan al final del estilo (en el siglo XII aproximadamente).

⇨ Estela en gres de estilo Pala (Museo Guimet, París) Imagen de Khadiravani Tara esculpida sobre una estela de los siglos IX o x. De este arte del Norte apenas subsisten muestras arquitectónicas debido a las invasiones musulmanas. En cambio, es rico en imágenes de piedra o bronce, frecuentemente bajorrelieves como éste. Se trata de un arte refinado que revela un buen gusto por el detalle, por la elegancia del gesto y por el adorno cuidadoso de joyas y aderezos.



Los principales talleres Pala fueron los de la célebre universidad budista de Nalanda, los de los vecinos lugares de Gaya-Bodhgaya y de Kurkihar, así como los numerosos de la Bengala oriental. Las producciones que salieron de estos talleres revelan cuidado por la elegancia y equilibrio, cierto manierismo en los gestos y actitudes, un gusto pronunciado por la representación de los adornos.

⇦ Tara (Museo Nacional de India, Nueva Delhi). Escultura realizada en piedra durante la dinastía Pala del siglo x, en Nalanda.



Las imágenes de culto en piedra se presentan en forma de un gran personaje encuadrado por asistentes de talla muy reducida; todo el grupo se destaca en relieve muy acusado sobre el fondo de la estela. Durante los tres siglos y medio en que se desarrolló el estilo Pala, se puede notar una tendencia progresiva hacia el recargamiento: los personajes llevan joyas cada vez más numerosas y adornadas, el fondo de la estela -en un principio casi desnudo y con la parte superior redondeada- se cubre paulatinamente de accesorios simbólicos.

Por otra parte, en el transcurso del siglo X, momento en el que el poderío político de los Pala sufre un eclipse, la producción fue notablemente más variable: en conjunto, la silueta de los personajes se alarga y se afina, lo que ya supone una clara diferencia con las manifestaciones anteriores, las joyas son menos importantes, los rasgos de la cara más gruesos y más acentuados, el modelado más flojo, en especial el de las piernas. La sujeción a los cánones iconográficos es más rigurosa a medida que el panteón budista se enriquece bajo el impulso del Mahayana y se tiñe fuertemente de tantrismo. Más adelante, ya en el siglo XI y hasta bien entrado el primer decenio del XII persistió el mismo estilo, pero con algunos cambios de no poca importancia. Así, en líneas generales, ese estilo que se había gestado tiempo atrás evolucionó haciéndose más pesado, más seco y presentando una gracia más afectada.

⇨ Vishnu (Museo Nacional de la India, Nueva Delhi). Escultura de la India oriental, del siglo XII, correspondiente a la dinastía Pala.



Desde entonces las estelas tienen una terminación puntiaguda, en forma de hoja, y su fondo, recargado con símbolos y pequeños personajes, posee -en las mejores esculturas- calados en algunas partes. A los adornos y joyas de los siglos precedentes se añade una espesa guirnalda que cae de la nuca a las pantorrillas y se redondea en forma de U ante las piernas. Las divinidades brahmánicas son desde este momento más numerosas que las budistas, y las formas tántricas se multiplican, como Yamanta-ka, que no es otro que el bodhisattva Manjusrí abatiendo a la muerte. Una forma iconográfica frecuente entonces es la del “Buda engalanado”, que lleva una tiara y joyas a pesar de su ropaje monacal.



En cuanto a los iconos en bronce suelen ser de pequeña talla, aunque se conocen ejemplos que alcanzan o sobrepasan la estatura humana: por ejemplo, el Buda, de pie hallado en Sultanganj, distrito de Bhagalpur, de 2,25 m de alto, y conservado en el Birmingham Museum and Art Gallery. Fundidos a la cera perdida con una aleación compuesta de ocho metales (cobre, estaño, plomo, antimonio, zinc, hierro, oro y plata), dichos bronces estaban a veces recubiertos con una débil capa de caolín o de arcilla, de tinte verde o pardo, que adquiere el aspecto de una pátina. En general, siguió la evolución de las imágenes de culto en piedra, con la diferencia de que presentan muy a menudo un aspecto calado, estando el fondo de la estela remplazado por un encuadre en cuyo interior los temas se recortan en el vacío, lo que les confiere una especie de dinamismo del que están desprovistas las estelas.

⇦ Marichi o el rayo del amanecer (Museo Nacional de India, Nueva Delh1). Figura en bronce de la dinastía Pala, siglo XI, procedente de la India oriental.




El estilo Pala no parece haber tenido en la India descendencia directa alguna. En cambio, debieron de establecerse relaciones particularmente fructuosas entre los imagineros Pala y los imagineros indonesios desde principios del siglo IX. No sólo muchos bronces indonesios de los siglos VIII-IX recogen, hasta confundirse con ellos, las fórmulas de los bronces Pala de esta época, sino que más de doscientos bronces de esta procedencia han sido hallados en las ruinas del monasterio I de Nalanda, consagrado bajo el reinado de Devapala (hacia 810-850) en ocasión de una embajada del rey de Sumatra y destinado a albergar a los peregrinos originarios de esta región. Dichos contactos debieron de renovarse en varias ocasiones y por ello pueden notarse analogías sorprendentes entre las estelas Pala y las imágenes de culto de Java oriental, visiblemente inspiradas en las primeras y perperuadoras de sus características hasta el siglo XIV, mucho tiempo después de la desaparición de las escuelas Pala en la propia India.


⇦ Bodhisattva Padmapani (Museo Nacional de India, Nueva Delhi). Imagen del siglo IX, realizada en piedra, correspondiente a la dinastía Pala y procedente de Nalanda.



Estas escuelas influyeron también en el arte birmano; relaciones religiosas directas unieron a Birmania y la India Pala: así, el rey Kyanzittha (1083-1113) mandó hacer restauraciones en el célebre santuario de la Mahabodhi en Bodh Gaya, y el rey Nandaungmya (1211-1230) hizo construir una réplica suya en Pagan. Es posible asimismo que el templo cruciforme de Paharpur (Bengala septentrional) hubiese sufrido influencias birmanas: en él vemos empleada la bóveda de sillares, muy excepcional en la India y frecuente en Pagan; también se encuentra en dicho templo un grupo de más de dos mil placas de barro cocido que adornan el basamento del templo y datan de alrededor del siglo X. Dichas placas ostentan bajos relieves con personajes, de un estilo diligente y pintoresco, cuyas composiciones simplificadas no dejan de recordar las de las placas esmaltadas que decoran varios santuarios birmanos del siglo IX al XII.

Notemos por último que el arte Pala se transmitió al Nepal, cuya proximidad geográfica y cuya adopción de la tradición budista y tántrica lo designaban naturalmente para recibir las formas plásticas y el repertorio iconográfico de aquel arte. Aunque no conozcamos en dicho país muchas obras que se remonten más allá del siglo XV, esta transmisión es innegable y -al igual que Bengala y Bihar habían tenido el papel de conservadores después de los pos-Gupta- el Nepal a su vez prolongó hasta la época contemporánea los estilos Pala y Sena, introduciéndolos en parte en su vecino, el Tibet.

Vajrasattva (Colección Philip Goldman). Figura nepalí en bronce que representa al sumo sacerdote de los cinco budas. Es una pieza de la dinastía Pala del siglo XIII.

Templo de Vishvanath, en Khajuraho. Construido por el rey Dhanga de Candela en 1 002, está dedicado a Shiva y no sólo contiene la reliquia del lingam de Shiva sino su "vehículo" el toro Nandi, así como una imagen de su consorte, representada como Durga.


Fuente: Historia del Arte. Editorial Salvat.

Ciudad universitaria de Nalanda

Ruinas de la universidad de Nalanda.

En la antigua ciudad universitaria de Nalanda, población situada en el centro de Bihar, en la India, a poco más de 90 km de Patna, se han encontrado numerosos restos arqueológicos que atesoran la importancia que tuvo la citada localidad entre los siglos VIII y XII. Como ya hemos señalado, Nalanda fue un relevante centro de producción artística relacionada con el budismo ya que acogía numerosos talleres Pala, desde los cuales salían una gran cantidad y variedad de productos de un gusto refinado y elegante y destinados a embellecer otros monasterios budistas.

La trascendencia de esta ciudad universitaria traspasó las fronteras de la India y se extendió por toda Asia, como lo demuestra el hecho de que personajes tan ilustres como el monje Yi-tsing y el peregrino chino Hivan-tsang la visitaran durante el siglo VII, centuria de gran esplendor para Nalanda.

Cabe señalar, además, que las doctrinas que emanaron de esta ciudad aún se mantienen vigentes, pues algunas de los rasgos más importantes de lo que es el budismo tibetano se concretan en los monasterios de la Nalanda de esa época. Asimismo, lo mismo puede decirse de otras formas de budismo, como el Mahayana, que debe buena parte de sus características a los estudios y enseñanzas de los monjes que la habitaban.

Por otro lado, y a pesar de que en la actualidad la población es un deshabitado museo al aire libre de vestigios arquitectónicos, Nalanda (traducido literalmente “la ciudad que confiere el loto”) sigue siendo uno de los lugares claves de la historia del budismo.


Fuente: Historia del Arte. Editorial Salvat.

Punto al Arte