Aparicio, José (Alicante, 16 de diciembre de 1773 - Madrid, 10 de mayo de 1838) Pintor español. Recibió la influencia de L. David. Pintor de cámara (1815) y director de la Academia de San Fernando. Autor de El hambre en Madrid ( 1815).
Es un pintor que se adscribe al clasicismo puro. Era hijo de Vicente Aparicio y de Manuela Inglada, el séptimo de ocho hermanos. Se formó en Valencia, en la Real Academia de San Carlos, ganando el primer premio de pintura en 1793.
Después pasó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. En 1799, obtuvo del rey Carlos IV una beca para estudiar en París y, posteriormente, en Roma. En París fue el primer alumno español de Jacques-Louis David, donde coincidió con Juan Antonio Ribera y Fernández y José de Madrazo. En 1805 recibió una medalla de oro por su cuadro La epidemia de España. Antes de viajar a Roma, en 1807, José Aparicio expuso, por dos veces, algunas de sus obras en los salones de la capital francesa.
En Roma, siguió su proceso de aprendizaje. Se mostró, más de una vez, fiel al rey español, al negarse a jurar fidelidad a José Bonaparte. Debido a este hecho, José Aparicio cayó preso, como el resto de los artistas españoles becados residentes en Roma, en el castillo de Sant'Angelo, siendo considerado prisionero civil en la época fernandina.
Después de ser liberado, es llamado por el gobierno español, desembarcando en Barcelona el 21 de mayo de 1815. Parte para Madrid, donde finalmente inicia su carrera, siendo nombrado en agosto pintor de cámara del rey Fernando VII tras pedirle perdón. Un año más tarde comenzó a pintar Las glorias de España, que le tendría ocupado durante cerca de dos años. Con esta obra, comienza una gran serie de cuadros de gran tamaño que abordan temas patrióticos.
Por su obra más conocida, Desembarco de Fernando VII en la isla de León, fue nombrado académico de mérito de la Academia de San Carlos de Valencia, en 1829 y, más tarde, director de la Academia de San Fernando.
Al morir el rey Fernando VII se inició el declive de su carrera puesto que no era bien visto por los gobiernos liberales que siguieron. Murió en 1838, pobre y miserable
Arquitectura neogótica Viollet-le-Duc, Eugène-Emmanuel (París, 27 de enero de 1814 - Lausana, 17 de septiembre de 1879)1 fue un arquitecto, arqueólogo y escritor francés. Famoso por sus "restauraciones" interpretativas de edificios medievales, fue un importante arquitecto del renacer gótico. Representa una de las más importantes figuras de la escuela francesa, que rechazó la enseñanza de la Escuela de Bellas Artes, sustituyéndola por la práctica y los viajes por Francia e Italia. Se dedicó principalmente a la restauración e invención de conjuntos monumentales medievales como la Ciudadela de Carcasona o el Castillo de Roquetaillade, siendo muy criticado por el atrevimiento de sus soluciones y añadidos no históricos, y la pérdida de autenticidad de muchos monumentos. Sus restauraciones buscaron en menor medida recuperar sino más bien mejorar el estado original del edificio, con un interés centrado más en la estructura y en la propia arquitectura que en los elemen...
Todo el esplendor sumerio debió ser destruido hacia el año 2470 a.C. por los semitas nómadas, los "cabezas negras", instalados en la zona central de Mesopotamia desde principios del III milenio. El vencedor fue un guerrero semita de origen humilde que se hizo coronar con el nombre de Sharrukenu (rey legítimo). De ese nombre deriva el de Sargón, con que normalmente lo designamos. Para diferenciarlo del asirio Sargón, del que tratará el capítulo próximo, se le llama Sargón de Akkad, lo que alude al país de los semitas, de donde procedía. Escritura cuneiforme (Ashmolean Museum, Universidad de Oxford). Tabletas de barro cocido, en las que se registran unos contratos. Pertenecen al período acadio (hacia 2400- 2200 a.C.). Estos semitas o acadios dominaron Mesopotamia durante dos siglos, y pudieron haberlo hecho por más tiempo si sus reyes hubieran mantenido el poder férreo de Sargón y sus inmediatos sucesores. Hacia el 2470 a.C. los semitas de Akkad, gu...
El conocimiento del arte cristiano se inicia a través de la pintura de las catacumbas de Roma, pues es un hecho claro que no existe arquitectura anterior al extraordinario impulso creador de Constantino y sus arquitectos. Las comunidades de fieles vivían y celebraban sus cultos en edificios privados, que serán los tituli romanos posteriores. Y el hallazgo excepcional de alguno de estos templos, como en Dura Europos, junto al desierto de la frontera de Siria y Mesopotamia, constituye un ejemplo citado siempre. Las persecuciones, la imposibilidad de construir, han sido la causa de la falta de una arquitectura propia para este momento inicial. No sucede lo mismo en relación con el mundo funerario. Las familias poseían terrenos fuera de los muros de la ciudad, y en estos terrenos su aprovechamiento llevó a la excavación de galerías múltiples, verdaderas colmenas subterráneas que conocemos como catacumbas. Las familias paganas permitían enterrar en ellas a cristianos, y en sus muros, ...
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