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viernes, 23 de diciembre de 2016

Jacques Lipchitz y su esposa 
Amedeo Modigliani


En este retrato del matrimonio Lipchitz, pintado en 1917, se observa una elegante estilización y el uso de formas que se derivan claramente del arte primitivo (como esos ojos vacíos), a lo que se une un juego de masas claras y oscuras, que no responden tanto a la concepción cromática de los fauves, como a la descomposición que posteriormente preconizaría el cubismo, una concepción que Modigliani no llevó a sus últimas consecuencias porque para él la pintura debía ser, sobre todo, poesía.

(Institute of Art, Chicago)


Texto extraído de: Historia del Arte. Editorial Salvat

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