En cuanto al área septentrional,
su desarrollo cultural se efectuó en forma paralela y más o menos simultánea al
del área central, aunque el estímulo original proviniera de ésta. Participando
del mismo nivel cultural, y teniendo los mismos conocimientos técnicos y
científicos y las mismas creencias que los pueblos hermanos del área central,
los mayas de Yucatán elaboraron estilos arquitectónicos diferentes, como era de
esperarse en un ambiente geográfico distinto al selvático de aquéllos. En el
norte de la Península, el régimen de lluvias es bastante reducido, desaparecen
los ríos y demás aguas superficiales, el suelo calizo de escasa capa vegetal
produce una vegetación cada vez más baja y rala, a medida que se acerca al
extremo septentrional. Pese a este medio poco favorable, los mayas y yucatecos
lograron una variante muy brillante de la civilización maya, de la que son
testigos los vestigios de centros ceremoniales, algunos tan antiguos como los
del Petén (Dzi-bilchaltun, Coba, Edzná).
Templo Mayor de Labná (Puuc, Yucatán). Cruzando el gran arco se encontraba un enorme patio que servía de entrada a la antigua ciudad. Decorado con una riquísima variedad ornamental, el friso de la fachada del templo está aderezado con una crestería que realza el muro de piedra. Edificado durante el período maya comprendido entre los siglos VI y IX d.C., los creadores de Labná pretendían fijar el mundo en los detalles de cada arco esculpido.
Templo de Kukulcán (Chichén ltzá, Mayapán). Flanqueado por el Templo del Jaguar y la Cabeza de Serpiente, se asciende al Kukulcán subiendo un peldaño por cada uno de los días que tiene el año maya, 91 por cada lado. La pirámide que lo conforma está sustentada sobre una base cuadrada de 55 m de ancho, y se eleva hasta nueve pisos. Las esculturas de la fachada representan cuerpos de tigres y serpientes y se cree que su función sería adorar al sol.
En el transcurso del siglo X de
nuestra era, grupos toltecas, procedentes del centro de México, invadieron el
norte de la Península e impusieron su dominio, principalmente en Chichén Itzá y
con menor grado en Uxmal y otros centros. Una amalgama de técnicas constructivas,
la imposición de nuevas deidades, el predominio de una casta guerrera
extranjera, una temática y estilos nuevos en el arte, caracterizan la primera
mitad del período posclásico (1000-1250 d.C).
Ruinas de Tulum (Yucatán, México). En mitad de la costa caribeña se encuentran los restos de la antigua ciudad de Zamá, uno de los primeros asentamientos del expedicionario Juan de Grijalva y del conquistador Francisco Montejo. Tulum es la única ciudad maya edificada sobre la costa, y se cree que su castillo central de 14 m de altura servía como observatorio estelar. Una ancha muralla la rodea por tres lados.
Palacio de Chacmultún (Mérida, México). La mayoría de las edificaciones que se hallaron en el yacimiento de la antigua ciudad fueron construidas aprovechando la piedra rojiza del mismo cerro sobre el que se erigen. Levantadas sobre basamentos de más de ocho metros de altura, su enormidad daba una efectiva 1magen de supremacía y poder. Los elementos ornamentales de las columnillas, los frisos y los dinteles de fachadas y muros, tallados en forma de junquillos, son típicos del arte escultórico de la zona de Puuc de los años 700-800 d.C.
Los últimos siglos, anteriores a
la conquista española, muestran claramente la decadencia de esta cultura
híbrida maya-tolteca, así como también el retorno de ciertos patrones clásicos
mayas, particularmente en la alfarería y en la decoración de los edificios,
fenómeno que se aprecia sobre todo en Mayapán y en la costa del Caribe.
Fuente: Historia del Arte.
Editorial Salvat.
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