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12 octubre 2016

La partida de póquer

Félix Valloton


        Esta obra, que data de 1902, ilustra a la perfección la factura preciosista de este pintor que tan exactos retratos nos dejó de los poetas simbolistas. La lámpara, es decir, la luz, marca el eje de la composición, relegando a un segundo plano lo que en cualquier otra época se hubiera considerado la escena principal. De nuevo la representación se somete al símbolo, buscando el conocimiento intelectivo y la expresión conceptual.  

(Musée d'Orsay, París).


Bibliografía: Historia del Arte. Editorial Salvat. Diario “El País”

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