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07 enero 2017

La alegría de vivir
Max Ernst


El paisaje natural, que ya aparece en el repertorio de este artista en la década de 1920, alcanza su punto culminante en esta obra de 1936. Su carácter eminentemente naturalista no le impide conseguir un efecto por completo traumatizante. La naturaleza aparece no sólo hostil, sino en proceso de degradación. Se trata quizá de una impresión grabada de forma indeleble en su imaginación, cuando el pintor vivió la obsesión de los impresionantes bosques que circundan la pequeña localidad de Brühl que le vio nacer.

(Colección particular).

Fuente: Texto extraído de Historia del Arte. Editorial Salvat

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