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25 julio 2016

LA REVOLUCIÓN DE CARAVAGGIO

LA REVOLUCIÓN DE CARAVAGGIO
Huella en Italia y España

Imposible de clasificar; el rebelde Michelangelo Merisi revolucionó la pintura italiana del Seicento. A pesar de su violenta vida, su genio hizo el milagro de que no le faltaran clientes. Desde las colecciones de sus protectores, sus obras irradiaron estilo y marcaron profundamente el barroco en Europa. Una exposición en Patrimonio Nacional muestra un magnífico repertorio de obras italianas, entre pinturas y esculturas, procedentes de las Colecciones Reales

JESÚS CANTERA MONTENEGRO

SEGÚN NARRA Francisco Pacheco, el 10 de agosto de 1629, Diego Velázquez partía para Italia por recomendación de Rubens a fin de mejorar su formación pictórica, permaneciendo allí hasta finales de 1630, en que regresa a Madrid. En 1648 volverá al país de los Apeninos con la embajada del marqués de Maqueda y Nájera para recoger a la archiduquesa Mariana de Austria, prometida de Felipe IV, y allí permanece unos años para adquirir obras de arte para la Colección Real.
Esto plantea hechos de enorme trascendencia para nuestra historia del arte, pues al ser Italia el referente artístico para toda Europa durante el siglo XVII, allí acudieron artistas de diversas nacionalidades para formarse o completar su formación a la sombra del arte clásico y de los grandes artistas italianos de los siglos XVI y XVII. De ese párrafo también puede extrapolarse otra circunstancia relevante, como es la del importante mercado artístico que allí había y que, en nuestro caso, enriqueció la Colección Real hasta el punto de constituir el conjunto más esplendoroso de pintura italiana del Seicento fuera de la península itálica.
Esta riqueza permite que Patrimonio Nacional, con el patrocinio de la Fundación Banco Santander, muestre un magnífico repertorio de 68 obras, entre pinturas y esculturas, procedentes de las Colecciones Reales en la exposición que con el título De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales, tendrá lugar en el Palacio Real de Madrid, comisariada por el profesor de la Universidad de Alcalá Gonzalo Red in Michaus.
El título define el contenido y el mensaje de la exposición, tomando como polos centralizadores a dos de las máximas figuras del arte del siglo XVII en Italia, Caravaggio y Bernini,.El primero, de breve y turbulenta vida, renovó la pintura y se convirtió en modelo a seguir por una pléyade de pintores italianos y foráneos y, el segundo, por el contrario, tuvo una larga y apacible existencia, con reconocimiento por parte del papado y de las monarquías europeas, salvo por Inocencia X, que lo relegó frente a Borromini y Algardi, Fue además Bernini un artista, al modo de los genios del Renacimiento, polifacético y practicó las tres llamadas artes mayores, aunque descolló en arquitectura y escultura, marcando su impronta en otros muchos artistas.
La figura de Caravaggio es sin duda una de las más atractivas de toda la historia del arte, tanto por su aspecto artístico como por su trayectoria vital. Su final, el 18 de julio de 1610, fue tan trágico como toda su existencia, al morir en Porto Ercole cuando intentaba regresar a Roma esperanzado en un prometido indulto tras su peregrinar apartándose de la justicia que le pedía cuentas por un asesinato y otros actos. En aquel puerto, y a causa de un arresto erróneo, perdió el navío que lo acercaría a la Ciudad Eterna, lo que le provocó tal desánimo que le hizo vagar por la playa hasta enfermar y fallecer.
Nacido Michelangelo Merisi el 28 de septiembre de 1573 en Caravaggio, al norte de Bérgamo, su vida estuvo plagada de peleas, heridas y hasta un asesinato que le llevó a huir de Roma y a peregrinar por Nápoles, Malta, Sicilia y nuevamente Nápoles, para evitar ser arrestado, aunque continuó metiéndose en problemas hasta llegar a su trágica muerte en Porto Ercole.
Por esa constante huida y su carácter pendenciero, no llegó a formar un taller, lo que contrasta con la gran cantidad de seguidores e imitadores que tuvo, Karel van Mander decía en 1603 en su Vida de pintores, publicada en 1604 en Alkmaar, que era un magnífico pintor, pero que no tenía una "continua dedicación al estudio, sino que cuando ha trabajado un par de semanas se va a pasear durante un mes o dos, con el espadón al flanco y un criado detrás, o va de un juego de pelota a otro, muy proclive a peleas y alborotos, de modo que es raro poder tratarlo". Esto explica el que no pudiera llegar a formar un taller ni tener discípulos propios.
Entonces ¿cómo llegó a influir tanto en la pintura y a marcar una tendencia pictórica que, junto a los términos tenebrismo y naturalismo, ha dado lugar también al de caravaggismo, con el agravante de que esta forma de concebir la pintura se extendió por toda Europa? La singularidad de este hecho obliga a considerar el porqué de esta circunstancia y hasta dónde llegó a influir su obra, breve en el tiempo y escasa en cantidad, pero suficiente para cambiar el rumbo de la corriente estética.
La figura de Caravaggio surge en el momento en que el manierismo comenzaba a declinar y el sentimiento de pesimismo espiritual que lo alimentó empezaba a desvanecerse. A ello se une la fuerte personalidad de Caravaggio, que le llevaba a rebelarse contra todo lo que no era de su parecer. Todo propició que formara un estilo propio que tuvo la fortuna de agradar a los demandantes de obras artísticas, sobre todo algunos miembros de la Curia que le hicieron encargos y trataron de que se conmutaran sus penas para que pudiera regresar a la Ciudad Eterna a seguir pintando.
¿Cabe pensar que ese estilo naturalista y tenebrista de Caravaggio surge de la nada? Ese es un debate que se plantea entre los estudiosos de su obra. Pueden establecerse precedentes, como Bergognone, Giorgione, Lotto o Moroni, entre otros, pero su personalidad es demasiado fuerte desde los primeros momentos y hace que apunte maneras propias que señalan su identidad y su futura trayectoria, que a su vez influirá en la pintura posterior.
Es de gran interés en la historia del arte el pensar cómo un artista con tan breve recorrido -por su corta vida de treinta y siete años y activa de unos diecinueve-, con una trayectoria social tan poco recomendable y que podía ser un proscrito, sin embargo haya tenido una enorme influencia entre los pintores de su generación y en los posteriores. Es verdad que su obra gozó de la aceptación y el entusiasmo de importantes mecenas, como los cardenales Dei Monti, Scipione o Borghese, o de noblescomo el marqués Giustiniani, quienes al adquirir o encargar obras del pintor difundieron su estilo y propiciaron que surgieran imitadores movidos por las ventas que esta estética podía facilitar, y así, de Roma y Nápoles pasó a la península ibérica, a Francia, a Flandes y a Holanda principalmente, formando escuelas regionales marcadas por el tenebrismo y el naturalismo caravaggista, aunque con lógicas diferencias entre sí.

LA FAMILIA CARRACCI
Establecida la premisa del caravaggismo, hay que decir que no toda la pintura italiana del siglo XVII es tenebrista. La superación del manierismo también fue llevada a cabo por otros artistas que la enfocaron desde una órbita bastante diferente. Esta fue capitaneada por la familia Carracci, cuyos miembros más significativos, Ludovico (1555-161 9), Agostino (1557-1602) y Annibale (1560-1609), fundaron en Bolonia la Accademia dei Desirosi, luego llamada Accademia degli lncamminati. En esa institución se impartía a los alumnos una formación completa, con conocimientos en diversas técnicas artísticas y el estudio de obras literarias y humanísticas. Algunos de los artistas más representativos de la pintura italiana del Seicento se formaron allí o bajo su influencia, teniendo bastantes de ellos colgados sus lienzos en la exposición de Patrimonio Nacional (Guido Reni, Giovanni Lanfranco o Guercino).
Los Carracci propiciaron una reacción frente al manierismo que, como Caravaggio, enfocaron con un espíritu naturalista, aunque con diferente sentido, pues rechazaron su extremado realismo, decantándose por una cierta idealización que mostraba las cosas no como eran, sino como les gustaría que fueran. Así, potenciaron el abandono de la maniera tradicional que obligaba al dibujo de memoria por una observación y copia de la naturaleza, lo que les llevó a uno de sus grandes éxitos, el u paisaje clasicista". Era este un paisaje ideal compuesto de fragmentos de elementos reales tomados
en apuntes entremezclados. En ese espacio presidido por una sensación de paz merced al tratamiento de la luz y el color, pululan pequeñas figuras que humanizaban un paisaje que de otro modo resultaría frío y desolador.
En el campo de la escultura, la renovación vino de la mano de Bernini, el contrapunto biográfico a Caravaggio. Nacido en Nápoles en 1598 y formado con su padre, pronto comenzó a trabajar en las obras demandadas por la Curia romana que supo ver en él al renovador de la escultura que evolucionó desde el manierismo al pleno barroco, haciéndola pasar de la fuerza interior expresiva de la terribilita de Miguel Angel al movimiento expresivo barroco, con lo que se constituyó en el referente a imitar por los escultores que acudieron a Roma en busca de fortuna y formación.
LA SEDUCCIÓN DE MIGUEL ÁNGEL
Él mismo se dejó seducir en sus primeros tiempos por la genialidad de Miguel Angel, pero también muy pronto logró escapar de la atadura que podía suponer el formarse bajo el genio de este y se orientó hacia la captación del movimiento de las figuras y la expresividad de los rostros, centrando las composiciones en los momentos de mayor exaltación del acontecimiento relatado, como se puede advertir, por ejemplo, en el grupo de Apolo y Oafne (1620) y en la figura del David (1623). Cada vez fue tendiendo más a captar la expresividad en momentos extremos y singulares, como ocurre con el Éxtasis de santa Teresa (1645-52) y la Agonía de la beata Ludovica Albertoni (1675), esta labrada ya en los últimos años del artista, que falleció en 1680. Pero aún hay que señalar otro importante aspecto en la obra de Bernini: su contribución a la ligazón entre la estética y la iconografía emanadas del Concilio de Trento con el gusto del barroco.
Junto a este artista, otros dos nombres marcan la trayectoria de la escultura en la Roma del Seícento, Alessandro Aigardi (1595- 1654) y el flamenco Francesco Duquesnoy (1597-1643), que aunque de la misma genera ción que el napolitano. Fallecen mucho antes que éL El primero se forma con los Carracci, por lo que su trayectona sigue pautas diferentes, con obras más contenidas y acentuación del clasicismo. El segundo fue colaborador de Bernini y en general destacó como broncista y autor de una serie de imágenes de carácter infantil que se difundieron por toda Europa y le dieron celebridad.
La exposición del Palacio Real ofrece una gran ocasión para admirar la creación en Italia en un momento en que estaba a la cabeza de las artes y Roma era la capital artística de Europa, así como para felicitarse porque la monarquía española tuviera el gusto estético y los caudales suficientes para adquirir obras de arte que hoy forman una colección que es un referente internacional y sitúa a España a la cabeza del coleccionismo artístico del barroco.
(Fuente: Revista “Descubrir el arte”. Nº 208. Junio 2016)

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