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martes, 12 de julio de 2016

BARROCO

         Período de la cultura europea y su proyección en América, en que prevaleció dicho estilo artístico, y que va desde finales del s. XVI a los primeros decenios del s. XVIII.

Definiciones y delimitación histórica

         Tres interpretaciones sobresalientes se han dado al término barroco:

·        La que le atribuye un mero significado estético de “no estilo” (Benedetto Croce)

·        La que le otorga el valor ideal de constante histórica dentro de un repertorio de dominantes formales (Émile Faguet, Eugenio d’Ors)

·        La que le da un significado histórico concreto, aplicándola al período que va desde el final del Renacimiento hasta los inicios del neoclasicismo (Jacob Burckhardt

Otro problema lo plantean los deslindes del barroco, ya que se ha intercalado entre Renacimiento y barroco otra gran fase estilística denominada manierismo. Sin omitir las distintas dificultades y críticas posibles, pueden fijarse las fechas de 1600 y 1750 para delimitar su duración histórica. Vinculado históricamente a la Contrarreforma, se convirtió en instrumento de la Iglesia y de la Compañía de Jesús. En el dominio de la historia del arte, la expresión define la característica actitud estilística del s. XVII, originada en Roma hacia 1630 y representada por las tres figuras centrales de Gian Lorenzo Bernini, en la escultura y arquitectura, Pietro da Cortona, en la pintura, y Francesco Borromini, en la invención de estructuras arquietectónicas. Al final del barroco, tanto en la arquitectura, como en las otras artes plásticas, se origina una fase extrema, con marcado interés por las dimensiones reducidas y las artes menores (influencias orientales), a la que se denomina rococó.

Características

         Aunque el barroco fue una continuación del Renacimiento –ya que se basó en el estudio de los grandes maestros del s. XVI y compartió con ellos una visión sintética del espacio a través de la perspectiva y el predomino de un motivo central al que se subordinan los demás elementos-, el nuevo estilo se opuso del ideal clasicista mantenido por el Renacimiento, al tratar de traducir la sensación de lo ilimitado y de lo infinito, recurriendo a un dinamismo exacerbado, a un sentido de la forma abierta y de la visión en profundidad, y al cultivo de efectos dramáticos mediante movimientos de masas y fuertes contrastes de luz y sombra (técnica del claroscuro). En las grandes pinturas murales se corrobora el gusto por la teatralidad, que asimismo se refleja en los fondos de los retratos y en los grandes altares de los templos, con sus complicadas estructuras y dramático dinamismo.

El barroco y la Contrarreforma

         Los motivos heroicos de la cultura renacentista implicados den la Contrarreforma adquirieron una nueva valorización; el arte escurialense y la pintura de El Greco y de Caravaggio aportaron nuevos contenidos religiosos y morales y contribuyeron a una radical renovación de la expresión figurativa. La Iglesia católica aportó una vigorosa incorporación de motivos estrictamente renacentistas y, al mismo tiempo, se abrió paso en la pintura a un eclecticismo académico y a un creciente interés por la decoración. En este eclecticismo y naturalismo, de tipo decorativo, tienen su origen las alegorías de los cuadros devotos (la calavera, el éxtasis celestial, la mirada en rapto doloroso o apasionado). Por otra parte, se estabiliza la iconografía sacra y, paralelamente, se produce el cultivo de una serie de nuevos temas de devoción y de ilustraciones de las verdades de la fe y de los sacramentos.

El barroco en España

         En pintura domina el realismo en sentido ascético y su evolución, iniciada con la corriente tenebrista (que tiene su origen en el claroscurismo de Caravaggio), en la que participan Sánchez Cotán, Juan de herrera, Zurbarán y el Velázquez joven, marcará un gradual predomino de la luz. Esta tendencia realista adquiere en España más importancia que en otros países. Son realistas no sólo las figuras románticas de Ribera, las evocaciones macabras de Valdés Leal y las cándidas figuras de Murillo, sino también la fría elegancia de los santos y frailes de Zurbarán.

El barroco en el resto de Europa

         Aunque la aparición de las “formas barrocas” se produjo en cada país en momentos y modos distintos y estuvo determinada por causas variables, esas formas nacieron de un fondo común, cuyo origen se halla en la Roma de los papas, concretamente de Paulo V, Urbano VIII e Inocencio X, que impulsaron grandes transformaciones en la ciudad la patrocinar la construcción de importantes edificios religiosos y civiles.

         En la pintura italiana de la época destacan los artistas surgidos del taller boloñés de los Carracci, cultivadores de un estilo ecléctico, sucesores de la escuela de Caravaggio; entre esto artistas destacan Guido Reni, Il Guercino y Il Domenichino, que alcanzaron gran éxito en su época, tanto por sus cuadro religiosos o de género, como por los grandes frescos que sirvieron para decorar magníficos edificios romanos.

         En Francia, el flujo italiano se manifiesta en Claudio de Lorena y N. Poussin, que se inspiraron en el clasicismo romano, pagano, en pinturas de tema histórico, mientras que otra generación de pintores de gran personalidad se inspira en el realismo italiano (Ph. De Champaigne, Le Nain o G. de la Tour).

         En Flandes el barroquismo se manifiesta con mayor fuerza en la pintura, con la figura del genial Rubens y de sus discípulos y seguidores Joradaens y sobre todo Van Dyck.

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